Martha, la muñeca que me enseñó a ingeniarme la vida
Una historia sobre amor, creatividad y el poder de buscar caminos Cuando tenía 8 años, soñaba con tener una muñeca de cabello largo, de esas que una niña puede peinar, consentir y convertir en su mejor amiga. En ese momento, mi papá no tenía cómo comprarla. Pero en lugar de dejar morir mi ilusión, hizo algo que nunca olvidaré: se ideó una manera de hacer realidad mi deseo. Tomó parte de mi propio cabello, lo cortó con cuidado y se lo pegó a la muñeca que ya tenía. Yo le puse por nombre Martha. Tal vez no quedó tan bonita como la que yo imaginaba en el almacén, pero con el tiempo entendí que esa muñeca guardaba una enseñanza mucho más grande que su apariencia. De niña quizás pensé que esa había sido la salida más fácil. Incluso, con los años, llegué a preguntarme por qué no hizo un mayor esfuerzo para comprar la muñeca que realmente yo quería. Pero hoy, al mirar atrás, comprendo algo diferente. Mi papá no solo quiso darme gusto; sin saberlo, me estaba dejando una de las leccio...